Inhala cuatro tiempos por la nariz y exhala cuatro por la boca, dos o tres ciclos bastan. Observa cómo se afloja la mandíbula y los hombros caen un poco. Cuando el cuerpo recibe oxígeno con calma, el hambre se vuelve más clara y amable.
Cierra los ojos un instante y pregúntate en qué número estás realmente. Si estás por debajo de cuatro, quizá necesitas agua o un paseo corto; por encima de ocho, come algo sustancioso. Elegir desde esta escala reduce impulsos y arrepentimientos.
Antes de empezar, di en voz baja: “Comeré para nutrirme y disfrutar, no para distraerme”. Nombrar la intención orienta decisiones pequeñas, como tamaño de bocado, velocidad y cantidad servida. Escríbela en una nota y compártela con nuestra comunidad.
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